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sábado, 6 de abril de 2013

Cuando el "Hijo" Sigue los Designios del "Padre"

Nicolás hace referencia a cada instante en sus discursos al hecho de que él está corriendo como candidato a la Presidencia cumpliendo una orden que le dio el Comandante Chávez. "Aquí estamos en la calle, comandante Hugo Chávez, cumpliendo con la orden que nos dejó" (Nicolás Maduro)

¿Qué sucede cuando los padres presionan de alguna manera a los hijos para que sigan sus pasos … y éstos los complacen, como pareciera ser el caso de Nicolás?  ¿Qué revela esta situación de Maduro?



En primer lugar que estamos ante un Maduro hijo complaciente, que se coloca a sí mismo en segundo lugar ante la voluntad de su padre en su afán por complacerlo, que estamos ante un Maduro hijo que no sabemos hasta qué momento va a poder mantener esta situación en la que sigue el destino de otro, su padre, y abandona el suyo, que estamos ante un Maduro hijo al que le resulta difícil poner límites y ponerse límites a su propia aceptación, un Maduro hijo que lamentablemente, en este punto del camino, no se valora a sí mismo lo suficiente como para saber y expresar qué es lo que realmente quiere. Lamentable y tristemente para él, está centrado en complacer los designios de Chávez, sin saber cuáles son los suyos.

¿Hasta cuándo me pregunto yo, le va a alcanzar la gasolina para seguir cumpliendo este mandato?  ¿Y cuando no pueda con la carga de un destino que le escogió su padre qué hará? ¿Cómo es realmente este candidato?  ¿Acaso lo sabe él?

Lo segundo que me revela es que tal cual lo hizo su “padre” Maduro estará esperando que sus hijos de Venezuela también hagan lo que él tiene establecido para ellos… y esto no significa más que continuar con una visión autocrática, de un hombre que no conoce sino la obediencia.




martes, 21 de agosto de 2012

¿Escurres tu Corazón?



¡Cuántas veces he puesto a escurrir mi corazón!   Muchas veces: roto en ocasiones, abandonado por otros, y algunas hasta por mí misma, decepcionado otras tantas, enjuiciado unas cuantas más, solo, esperando reconocimiento y también aprobación, inseguro ante mis propias decisiones y mis acciones... 

¿Has tenido que poner a escurrir tu corazón cada vez que alguna persona no te valora o no te muestra su aprobación?

¿Pones a escurrir tu corazón cuando después de complacer a tu pareja, o intentar adivinarle el pensamiento y darle una sorpresa,  ésta ni te mira o rezonga porque no era lo que quería?

¿Exprimes tu corazón cuando tus papás prefieren a tu herman@ y l@ alaban y te dejan en segundo lugar, sintiéndote que no saben siquiera que estás allí? 

¿Escurres tu corazón cuando te esfuerzas hasta la médula haciendo una presentación o un trabajo y tu jefe o tu profesor ni se inmuta y mucho menos te felicita?

La aprobación en sí no es mala... Lo que sí resulta un problema es cuando la aprobación de los demás se convierte en una necesidad para ti, para sentirte segur@ o para sentir que te valoran o para sentirte querid@... 

Un ejemplo puede ser cuando cambias tu manera de pensar y tus opiniones porque alguien (tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus padres, tu pareja) pareciera que desaprueba tu posición... o cuando te sientes deprimido porque una persona importante para ti no está de acuerdo con lo acabas de decir, o cuando buscas la manera más suave de plantear tu opinión o tu sentir para evitar reacciones de desagrado o incluso de conflicto, o cuando te muestras amable en exceso, llegando incluso a la adulación aún cuando estás en desacuerdo con las opiniones de alguien y no quieres "confrontaciones".

Y ahora chequea cuántas veces emites juicios sobre ti mism@ en los que te desvaloras. Por ejemplo: "No eres buen@ en matemáticas", "Eres muy miedoso y no lo vas a poder hacer" "Fulanit@ es mejor que yo"... "Soy lent@ o torpe, o perencejo es más bonit@ o más buenmozo que yo o más sensual que yo"..."  La lista es interminable...

Y el hecho es que si no te valoras a ti mism@, será imposible confiar en tus propias opiniones y decisiones y dependerás siempre de lo que digan los demás sobre ti. 


La auto-valoración es una parte fundamental de una autoestima equilibrada. 




Y lo mismo ocurre con la complacencia.  Complacer no es malo en sí... El tema es cuando complaces a alguien, para que te quiera o para que se sienta orgulloso de ti (por ejemplo cuando estudias lo que tus padres quieren para complacerlos en lugar de estudiar lo que tú quieres y te gusta)... o cuando complaces a tu pareja para evitar un conflicto y luego te sientes resentid@ porque no te atreviste a decirle que No, o cuando le dices a tu pareja cosas como "te quiero hasta el infinito", o "te quiero más que a mí mismo", o "no puedo vivir sin ti", o cuando le expresas tu inmenso amor y le dices "como tú quieras", "a dónde tú quieras mi amor" y resulta que tu pareja termina molestándose contigo y hasta olvidando que estás allí... 

Será imposible que pienses en ti mism@ en primer lugar y te complazcas, si pones en primer lugar a los demás y la opinión que tienes sobre ellos.   

Y de nuevo tú "pones a escurrir tu corazón"...  Brilla por su ausencia la complacencia a ti mism@, el amor a ti mism@, sin darte cuenta que eres tú quien decide complacer al otro y olvidarte de ti y ponerte en último lugar.  

El primer paso para que otro te valore es que tú te valores a ti mism@... y pases de estar en el último escalón, poco a poco, hasta estar 
de primero 
para ti.