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viernes, 17 de noviembre de 2023

Infidelidad en Pareja y Psicoterapia

Cuando vives una infidelidad en tu relación con tu pareja, la situación se convierte en un hito.  Un hito de tal magnitud que eres de una forma antes de la infidelidad y de otra muy distinta después de la infidelidad.

Después de una infidelidad comienza una nueva era, no sólo de la relación de pareja, sino de ambos como personas.  Si bien es posible que sigan haciendo lo mismo, no vuelven a ser los mismos.
Continúen o no en la relación, luego de la infidelidad, tienen la oportunidad de revisitar cómo operan como pareja y darse cuenta de qué funciona y qué no.  La psicoterapia es una oportunidad para comenzar ese proceso de revisión y ajuste con acompañamiento profesional.

Psicoterapia de pareja en línea

Es una oportunidad para re-crear la relación existente con tu pareja y, en caso de que decidan terminar la relación, también puede ser una oportunidad para construir una nueva relación con otra persona desde otra manera de interrelacionarse.   
En ambos casos implica iniciar una nueva relación.  
Para recomenzar, es necesario primero perdonar, al otro y a mí mismo.  
Es importante darse cuenta de que el perdón no es un evento, es un proceso e implica una decisión, la decisión de perdonar.  Para perdonar es indispensable que veamos al otro desde el mismo nivel sin caer en la tentación de ver al otro desde arriba, como su juez, como si fuéramos mejores.

Oprah Windfield cuenta cómo una definición de perdón le cambió la vida... El perdón consiste, para ella, en "soltar la esperanza de que el pasado hubiera podido ser diferente." El perdón consiste entonces en rendirme ante el hecho de aceptar que esa situación (en este caso la infidelidad) me sucedió.  No es aceptar que está bien que me haya pasado esa infidelidad a mí, sino aceptar que efectivamente  ocurrió.  
El perdón entonces consiste en soltar ese pasado que te mantiene en prisión, tu prisión personal.  Por eso, el perdón no tiene nada qué ver con la otra persona sino únicamente contigo y tu decisión de salir de la prisión de tu pasado.

jueves, 9 de noviembre de 2023

Cómo observarse a sí mismo

Hay un tema que se repite una y otra vez en los procesos de acompañamiento en consulta, tanto individual como en pareja.  Me estoy refiriendo a la observación de nosotros mismos.  Esto requiere cambiar la dirección de nuestro lente, como cuando en nuestro celular cambiamos la dirección del lente para tomarnos un selfie.

¿Qué significa observarse a sí mismo?   Para mí, significa prestar atención a lo que pasa por nuestra mente, nuestra emoción y nuestro cuerpo en cada momento, sin intentar cambiarlo o evitarlo. Es mirar como un testigo neutral de tu propia experiencia, sin identificarte con ella ni reaccionar a ella. Así puedes reconocer lo que sientes y necesitas, y también lo que te hace bien o te hace daño. Como estamos acostumbrados a verlo todo desde nuestra perspectiva, nos cuesta soltar nuestro punto de vista pero como dice el dicho: la práctica hace al maestro.  

Sé que a veces es difícil ser consciente de nuestros pensamientos, emociones, sensaciones físicas y acciones, y más aún aceptarlos sin criticarlos o compararlos con los de otras personas. No obstante, creo que es un hábito que vale la pena cultivar, porque a medida que lo practicamos nos va llevando a otro nivel de conciencia y a vivir, desde el bienestar y la plenitud.

¿Y qué implica no juzgarse a sí mismo ni a los demás? Significa dejar de lado los juicios de valor que hacemos sobre nosotros mismos y sobre los demás, basados en nuestros prejuicios, expectativas o creencias. Es aceptar que cada uno es como es, con sus virtudes y defectos, y que todos tenemos derecho a ser respetados y valorados por nuestra esencia, no por nuestra apariencia o por lo que hacemos. Es comprender que nadie es perfecto, y que todos estamos aprendiendo y creciendo.  Implica incluso aprender a valorar nuestros errores y las experiencias “negativas” como una oportunidad para crecer como personas desde el aprendizaje y no engancharnos en la culpa y el juicio.

Hay un ejercicio muy bueno que aprendí del maestro Mooji, que consiste en ir soltando todo a medida que lo vamos identificando, hasta quedar totalmente vacíos, hasta de nuestra propia identidad.  Te sientas en silencio y a medida que van surgiendo pensamientos los vas soltando y dejando ir o incluso se los puedes entregar a Dios (puede ser al Universo, al Creador o cualesquiera sea tu vivencia con algún ente superior).  Una vez te sientas vací@  observa si queda algo.  Intenta soltarlo también.  Eso que no puedes soltar es tu Ser.

Durante un tiempo puedes sentir que es difícil, incluso se pueden acrecentar los pensamientos de “no lo vas a lograr”, “es demasiado difícil”, “no vale la pena tanto esfuerzo”. Es la mente luchando para no perder su lugar como el piloto de tu vida.  Créeme, a medida que vayas practicando, con paciencia y perseverancia notarás la diferencia en tu manera de asumir tu vida.  

¿Cómo podemos desarrollar estas habilidades? Hay muchas formas, pero voy a sugerirte algunas que me han funcionado:

  • Buscar un momento y un lugar tranquilo, donde podamos estar solos y en silencio, sin distracciones ni interrupciones. Puedes empezar practicando cinco minutos varias veces al día (en la mañana, al mediodía, al final de la tarde y en la noche antes de acostarte), y luego ir aumentando el tiempo de duración de cada práctica. Puedes adaptar mis sugerencias a la dinámica de tu vida.
  • Anotar en un papel, cuaderno o diario lo que vayas descubriendo sobre ti mismo en tus prácticas diarias de observación, de manera que cuentes con un registro y lo puedas revisar al final de cada semana o con la frecuencia que te sientas cómodo.
  • Ser muy persistente y repetir el ejercicio todos los días con regularidad, de manera que vayas tomando conciencia de tus pensamientos y cómo va disminuyendo su poder sobre ti.  Adicionalmente notarás que irás profundizando en el autoconocimiento de su Ser internior y podrás darte cuenta de los cambios que se van produciendo en ti mismo en tu vida cotidiana y en tu trato con los demás.
  • Sé amable y comprensiv@. Cuando te observas sin juzgar, puedes darte cuenta de que eres humano, que puedes cometer errores, y también tienes cualidades y potencialidades. Puedes tratarte con amabilidad y comprensión, sin culparte ni castigarte por lo que haces o dejas de hacer, y reconocer tus esfuerzos y logros. Esto te permite también ser más tolerante y respetuoso con los demás, sin juzgarlos ni compararlos con nosotros, sino valorando su diversidad y singularidad.

  • Identifica tus proyecciones. Si observas que te irrita o da mucha rabia algo que ves en otra persona, detente un momento y voltea tu lente y pregúntate si has sido así y observa lo que sientes. Estas rabias pueden estar indicándote que eso que estás viendo en la otra persona es tu propia proyección.  Aprovecha la oportunidad y obsérvate.           

A medida que practiques te irás dando cuenta de que los pensamientos van disminuyendo en frecuencia, cantidad y fuerza.  En tu vida cotidiana observarás que en lugar de reaccionar automáticamente ante lo que ocurre, te detienes y observas con detenimientos y apertura.  Puedes observar tus pensamientos al respecto y por ende puedes tomar decisiones serán más acertadas.   Si te capturas reaccionando en automático, no te preocupes.  En ese momento, tómate unos minutos y toma la ruta de la exploración. Recuerda, es cuestión de práctica.

Estas “prácticas” se van a ir  colando en tu manera de vivir.  Y vas a comenzar a vivir como el testigo de tu propia vida.  

Observarte a ti mismo y no juzgarte ni a ti ni a los demás son hábitos que se pueden aprender y mejorar con la práctica. No te desanimes si al principio te cuesta o se te olvida. Lo importante es tener la intención y el compromiso de hacerlo y ser muy persistente. Te aseguro que vale la pena: podrás vivir con más plenitud y alegría.

  



lunes, 1 de abril de 2019

La Boca del Infierno

Son las 10 de la mañana y no hay electricidad. Bajo por la autopista de Tazón y caigo en la Valle Coche.  

Veo una gran multitud en la entrada del Túnel de El Valle.

Gente recogiendo agua. Un gran tumulto.

Con los mega apagones desde hace más o menos un mes, la falta de agua se ha agudizado y se ha hecho evidente. Hasta ahora la veníamos sufriendo en cada casa, puertas adentro.  Ahora, la vemos en las calles.  Nadie está recibiendo agua.

La gente lo abarca todo.  Es difícil entrar al túnel. 

Veo una gran boca negra frente a mí.  Las luces altas del carro encendidas.  La negrura se come las luces del carro.  

No veo nada. Aun así, avanzo.  Lento.  Delante distingo luces de algunos carros. Se pierden.  Siento un destello a mi lado.  No distingo qué es.   Miro de nuevo.  Son dos motos.  Sin luz.  Siguen a mi lado.  Avanzando los tres.  Lentamente. 

De pronto no los siento más.  Escucho voces.  En la negrura logro percibir, de alguna manera, algo que se mueve en las orillas, a los lados en el túnel.

Son personas.  Hay gente caminando dentro del túnel, en la negrura, sin linterna, sin nada...  Están recogiendo y cargando agua.

Son muchas las voces.  Sin caras.  Sólo sombras en la negrura.  Sólo destellos que se mueven, pegados a la pared.

Ya no veo carros delante de mí en la vía.  Me asusto.  Se me disparan las fantasías.  Catastróficas por supuesto.  Sigo adelante. Quiero salir de la negrura. 

Siento cómo me recorre el miedo todo el cuerpo.  Mi respiración es corta, rápida y por momentos pareciera que no respiro.  Tomo conciencia. 

Me miro en la negrura.  Avanzando.  A pesar del miedo.

Y me digo: Están igual que tú. Buscando salir de la negrura.

Me calmo.  Sigo.  No veo nada. Ni gente, ni destellos, ni carros.  Nada. Continúo.

Y de pronto a lo lejos un pequeño destello de claridad.  Y lo sigo.  

Me voy acercando al final del túnel.  Llego a la salida.  Me recibe la luz.  Mucha gente agolpada.  Con tobos, botellones y envases gigantes buscando la vida.  Igual que los que vi en la entrada al otro lado del túnel.  Y así no termina la negrura.  Es sólo un paliativo.

Nos toca dar un paso más.  Pasar de resolver la situación individual de cada persona o familia, a organizarnos, entre todos, para poder salir definitivamente de la negrura y el infierno en el que estamos metidos  todos como país.  

Es nuestra decisión y nadie la puede tomar por nosotros.  

Necesitamos dar el paso, darnos cuenta de lo que sentimos para desde allí, poder actuar, expresar lo que sentimos y exigir de manera organizada a los responsables.  Así podremos entonces, brazo con brazo, a pasos acompasados, pasar la negrura y al salir del túnel entre todos, encontrar la luz de la libertad y la democracia.

miércoles, 13 de marzo de 2019

De la Rabia a la Solución

Anoche, al llegar, fui a hacer un cafecito para descansar y no prendió la cocina.
Se me terminó el gas en medio de esta situación después del mega apagón.
Por supuesto que sentí rabia. En momentos como éstos, claro que sentimos emociones "negativas" como la rabia.
La cuestión está en aprovechar la gran energía que tiene la rabia, mirarla, hacernos conscientes de ella, para luego con esa fuerza, movilizarnos, encontrar alguna solución y hacer algo productivo.
Anoche, cuando me di cuenta que no tenía gas, consciente de mi rabia, salí al patio y me puse a limpiar el pupú de Lucía mi boxer, sacando, literalmente, toda la mierda del lugar.
A medida que fui limpiando, en meditación activa, me vino la imagen de una arrocera eléctrica guardada. Me sentí agradecida y seguí limpiando, y cuando terminé, me acordé de la tostadora de mi mamá. Las busqué, las limpié y las probé. Funcionan bien.
Decidí cocinar y guardar comida cocida en la nevera. Anoche hice unos pocos huevos sancochados. Hoy haré arroz y arepas y las guardo ya listas en la nevera. De esa manera cocino cuando tengo electricidad y guardo en la nevera lo ya adelantado, para disminuir las probabilidades de querer cocinar en artefactos eléctricos y que no haya luz.
Cuando me observo y veo mis emociones, puedo decidir qué hacer con esa energía y aprovechar tanto mis recursos internos (meditación activa mientras limpio) como los externos (arrocera y tostadora eléctrica).
Y entonces me vino a la mente esta idea: Esto que estamos viviendo es un ejercicio de preparación para la reconstrucción de nuestro país, conectado cada uno de nosotros, en presente, en el ahora, con nuestros recursos internos y, desde allí poder ver los recursos externos que tenemos al momento y repotenciarlos para ir reconstruyendo.
Desde la identificación y utilización de las capacidades internas de cada uno, y el aprecio por lo que somos y tenemos a nuestro alcance, podremos reconstruir y reinventar el país libre y en democracia que queremos... entre todos.