Mostrando entradas con la etiqueta dependencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dependencia. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de agosto de 2012

¿Escurres tu Corazón?



¡Cuántas veces he puesto a escurrir mi corazón!   Muchas veces: roto en ocasiones, abandonado por otros, y algunas hasta por mí misma, decepcionado otras tantas, enjuiciado unas cuantas más, solo, esperando reconocimiento y también aprobación, inseguro ante mis propias decisiones y mis acciones... 

¿Has tenido que poner a escurrir tu corazón cada vez que alguna persona no te valora o no te muestra su aprobación?

¿Pones a escurrir tu corazón cuando después de complacer a tu pareja, o intentar adivinarle el pensamiento y darle una sorpresa,  ésta ni te mira o rezonga porque no era lo que quería?

¿Exprimes tu corazón cuando tus papás prefieren a tu herman@ y l@ alaban y te dejan en segundo lugar, sintiéndote que no saben siquiera que estás allí? 

¿Escurres tu corazón cuando te esfuerzas hasta la médula haciendo una presentación o un trabajo y tu jefe o tu profesor ni se inmuta y mucho menos te felicita?

La aprobación en sí no es mala... Lo que sí resulta un problema es cuando la aprobación de los demás se convierte en una necesidad para ti, para sentirte segur@ o para sentir que te valoran o para sentirte querid@... 

Un ejemplo puede ser cuando cambias tu manera de pensar y tus opiniones porque alguien (tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus padres, tu pareja) pareciera que desaprueba tu posición... o cuando te sientes deprimido porque una persona importante para ti no está de acuerdo con lo acabas de decir, o cuando buscas la manera más suave de plantear tu opinión o tu sentir para evitar reacciones de desagrado o incluso de conflicto, o cuando te muestras amable en exceso, llegando incluso a la adulación aún cuando estás en desacuerdo con las opiniones de alguien y no quieres "confrontaciones".

Y ahora chequea cuántas veces emites juicios sobre ti mism@ en los que te desvaloras. Por ejemplo: "No eres buen@ en matemáticas", "Eres muy miedoso y no lo vas a poder hacer" "Fulanit@ es mejor que yo"... "Soy lent@ o torpe, o perencejo es más bonit@ o más buenmozo que yo o más sensual que yo"..."  La lista es interminable...

Y el hecho es que si no te valoras a ti mism@, será imposible confiar en tus propias opiniones y decisiones y dependerás siempre de lo que digan los demás sobre ti. 


La auto-valoración es una parte fundamental de una autoestima equilibrada. 




Y lo mismo ocurre con la complacencia.  Complacer no es malo en sí... El tema es cuando complaces a alguien, para que te quiera o para que se sienta orgulloso de ti (por ejemplo cuando estudias lo que tus padres quieren para complacerlos en lugar de estudiar lo que tú quieres y te gusta)... o cuando complaces a tu pareja para evitar un conflicto y luego te sientes resentid@ porque no te atreviste a decirle que No, o cuando le dices a tu pareja cosas como "te quiero hasta el infinito", o "te quiero más que a mí mismo", o "no puedo vivir sin ti", o cuando le expresas tu inmenso amor y le dices "como tú quieras", "a dónde tú quieras mi amor" y resulta que tu pareja termina molestándose contigo y hasta olvidando que estás allí... 

Será imposible que pienses en ti mism@ en primer lugar y te complazcas, si pones en primer lugar a los demás y la opinión que tienes sobre ellos.   

Y de nuevo tú "pones a escurrir tu corazón"...  Brilla por su ausencia la complacencia a ti mism@, el amor a ti mism@, sin darte cuenta que eres tú quien decide complacer al otro y olvidarte de ti y ponerte en último lugar.  

El primer paso para que otro te valore es que tú te valores a ti mism@... y pases de estar en el último escalón, poco a poco, hasta estar 
de primero 
para ti.

  



lunes, 12 de diciembre de 2011

En Pareja: Juntos y Separados


Son las 6 de mañana y acaban de anunciar su llegada los loros a Hoyo de la Puerta, como todas las mañanas. Una sola voz, un solo coro, que no existiría si cada uno no tuviera su espacio y su propia voz para cantar.  Se acercan como si fueran un solo ser, y al mismo tiempo cada uno conserva su espacio para moverse y maniobrar.   

Siento una hermosura frente a mí.  Ahora la puedo sentir al darme cuenta del espacio y la distancia entre cada uno de ellos.   Y es que cuando estoy tan pegad@ pero tan pegad@ del otro no l@ puedo ver... Me vuelvo bizc@, todo a mi alrededor se deforma y el sonido es tan intenso por su cercanía que me molesta.  

Lo sé porque vivía así, bizca de tan pegada.  Y por eso ahora, consciente de mi necesidad de espacio, puedo identificar cuándo una persona está bizca y sorda por la cercanía permanente con el otro, sin poder sentirse, sin poder verlo y sin permitirle al otro que la vea y se vea, que la escuche y se escuche, que la sienta y se sienta, terminando al final ahogándose mutuamente sin darse cuenta, sin sospechar siquiera que lo que necesitan es espacio entre los dos. 

Recuerdo una leyenda de los indios Sioux, de dos jóvenes que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu. 
-Nos amamos- empezó el joven.   -Y nos vamos a casar -dijo ella.
-Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán; algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.
- Por favor -repitieron-¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo – dijo el viejo- pero no sé,  es una tarea muy difícil y sacrificada.
- Nube Azul -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos. Deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?
- Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo- deberás escalar la montaña del Trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva…el mismo día en que vendrá Nube Azul ¡Salgan ahora!
Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas, eran verdaderamente hermosos ejemplares.
- Y ahora qué haremos -preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
- No – dijo el viejo.
- ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? -propuso la joven.
- No -repitió el viejo- Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.
- Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón,  si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure: ¡VUELEN JUNTOS, JAMÁS ATADOS!
Si esto de alguna manera se te parece a ti y quieres aprender a volar y mantener tu propio espacio, puedes solicitar una cita por el Cel. 0416-6387297  
Lic. Leonor Andrade Castillo